sábado, 29 de abril de 2017

Más buenas críticas para A las ocho, en el Thyssen




Me alegra mucho seguir recibiendo tan buenos comentarios de mi última novela. A las ocho, en el Thyssen está gustando mucho y yo me siento muy feliz por ello.


Aquí os dejo un trocito de una de las últimas críticas que ha recibido. Podéis leerla completa aquí:


sábado, 15 de abril de 2017

Preciosa reseña para A las ocho, en el Thyssen


El blog En mi rincón de leer ha realizado una preciosa crítica de mi última novela, A las ocho, en el Thyssen. Os invito a que paséis a leerla y de paso a que os animéis a seguir este blog hecho con muy buen gusto.


Aquí os dejo un trocito para de la crítica:

Solo me queda añadir que ha sido uno de los libros que más me ha gustado últimamente, de los que te fastidia terminar, enamorada sin remedio de Alex y envidiando a Lucía y deseando que Nieves Hidalgo nos deleite con más.
Sin duda os lo recomiendo, lo pasaréis genial y sufriréis un poquito. Sigue leyendo pinchando aquí.

miércoles, 12 de abril de 2017

A las ocho, en el Thyssen. Booktrailer

video

Ya está a la venta desde el día 11 de abril mi última novela, A la ocho, en el Thyssen. Aquí os dejo el bootrailer que espero os guste y os anime a leerla.
A la venta en todas las plataformas digitales, y por supuesto, en Amazon.

viernes, 7 de abril de 2017

Lee La Bahía de la Escocesa

Distrito de Westminster, Mayfair, Londres

Ladislaus Mortimer era un hombre de complexión delgada, aspecto taciturno, rostro severo. Servía en la mansión Braystone desde que le alcanzaba la memoria y siempre se había sentido muy cómodo con la familia. Pero ahora estaba irritado. El antiguo conde había sido un caballero tranquilo, de gustos sencillos; como su esposa, la difunta lady Anabell, Dios los tuviese a ambos en su Gloria. Y él, en consecuencia, había disfrutado de una vida plácida, sin sobresaltos. Hasta que el actual conde se había hecho cargo del título, decidiendo pasar algunos meses al año en Braystone Castle y el resto en Londres. Cuando el joven estaba en la ciudad, Mortimer andaba de cabeza. Aunque, pensándolo bien, era mucho peor cuando lo acompañaban en Braystone Castle los dos hermanos menores, más pendencieros aún que milord.

Descorrió las gruesas cortinas para que la luz inundara la recámara. Se volvió hacia el lecho y aguardó, con las manos en las solapas de la chaqueta. Tosió varias veces, pero quien ocupaba la cama no dio señales de haberlo oído, así que se acercó y le tocó el hombro.

—Señoría —llamó.

La figura contestó con un bufido, pero no se movió. Mortimer aguardó unos segundos e insistió.

—Milord. Las mantas se levantaron de sopetón, y bajo ellas apareció un rostro moreno,de cabello oscuro, revuelto, que abrió sólo un ojo enrojecido e irascible que clavó en él.

—Un día de éstos, te rebanaré el cuello. ¿Me oyes, Ladislaus?

—Sí, milord.

Christopher volvió a cubrirse la cabeza.

—¿Qué hora es?

—La una y media, señor.

Se oyó un juramento de grueso calibre, se produjo un revuelo de ropa y el conde salió de la cama como si se hubiera encontrado una cobra entre las sábanas. Se quedó de pie, parpadeando, desnudo como su madre lo trajo al mundo, desconcertado. Se frotó la cara y enfocó a su ayuda de cámara.

—¿La una y media?

—Eso es, milord.

—¡Demonios! —Mortimer le alcanzó una bata, que se puso de inmediato—. ¿Por qué no se me ha despertado antes? Tenía una cita, ¡maldita sea!

—Lo intentamos, señoría, pero Peter está aún tratando de recuperarse del susto.

—¿Qué?

—Que casi se abre la cabeza, señor.

—¿Qué le ha sucedido?

—Ha venido a llamarlo, milord. Pero ha acabado en el pasillo, junto con un candelabro.

Christopher se quedó boquiabierto.

—¿Que yo...? ¿Cómo puede ser?

—No ha pasado nada, milord, sólo el susto —zanjó el ayuda de cámara—. Su baño está preparado, señor.

Chris se maldijo mentalmente y maldijo a Ruppert y al ministro. Debía de haber llegado como una cuba para proceder de ese modo. Tenía que disculparse con Peter, porque su comportamiento no tenía excusa.

—Bajaré en un momento. —Se dirigió al cuarto contiguo—. Y dile a Peter que quiero verlo, por favor.

—Sí, señor. Por cierto, lady Agatha y lady Eleonor han llegado hace horas. Poco después de que su señoría se acos... Quiero decir, después de que lord Amsterdill acostara a milord.

Se fue sin hacer ruido. Gresham se quedó mirándolo alelado. La noticia acababa de despejarlo del todo. Cerró la puerta del baño con demasiada fuerza, encogiéndose cuando el ruido retumbó en su cabeza. ¡Condenado Tommy! Lo había hecho emborracharse como un necio. Pero ya ajustarían cuentas. Se quitó la bata y se metió en la bañera con un suspiro. Se recostó, cerró los ojos y recordó la noche anterior. Habían visitado varios garitos. Jugando. Y, no cabía duda, bebiendo más de lo prudente, lo que en él era ilógico.

Peor aún, no había conseguido ningún dato relevante en relación con el asunto que lo ocupaba.

martes, 4 de abril de 2017

Sorteo preventa A las ocho, en el Thyssen



SORTEO PARA ESPAÑA.
A LAS OCHO, EN EL THYSSEN.
FECHAS DEL SORTEO: 3 de abril a 10 de abril.

Para celebrar la publicación de mi nueva novela, voy a hacer un sorteo a través de mi cuenta de autora en Facebook que espero os guste: Taza para que podáis desayunar junto a Alex, marcapáginas de la novela y un ejemplar en papel de Brezo Blanco que dedicaré a la ganadora. 
¿Os animáis a participar? Es muy fácil.

Compartir este post en vuestro muro de facebook
Comprar la novela en PREVENTA
Indicar en el post del cocurso (en mi página de Facebook) que participas y poner la foto del justificante de la compra en mi muro o el vuestro.

Conviene que guardéis el justificante de la compra porque, más adelante, realizaré otro sorteo. Si no tenéis suerte en este, podéis tener otra oportunidad en el siguiente, que será Internacional.

Según os vayáis apuntando os facilitaré un número de participante.

El sorteo se llevará a cabo a través de RAMDOM.ORG.

Os deseo mucha suerte a tod@s y os doy las gracias por acompañarme siempre y por vuestro cariño, que es recíproco.

lunes, 3 de abril de 2017

Lee Reinar en tu corazón

Como heredera, carecía de la libertad de la que gozaban otras muchachas para elegir esposo, pero no se quejaba. Sabía de antemano la servidumbre que le suponía su lugar en la vida, el gravamen de ser hija de su padre, de tener que velar por el bienestar de sus súbditos cuando él faltase. No quería pensar en ello, la tristeza la embargaba al imaginarse sin su compañía, su apoyo y dirección. Ahora estaba a menos de una semana de convertirse en una mujer casada. Necesitaba un consorte. Se rebelaba ante el hecho que representaba tener que compartir por fuerza su vida con un varón que, inevitablemente, reduciría su libertad; una libertad de la que tanto había gozado merced a un padre benevolente. Pero así estaban las cosas, así era el mundo y ella no podía cambiarlo por más que quisiera. Sergei Barlov. Un joven que le llevaba seis años. Rubio, de clarísimos ojos azules y sonrisa de niño travieso que enamoraba a cuantas muchachas lo miraban. Tatiana sentía afecto por Sergei, pero no estaba enamorada. Aunque daba por sentado que su matrimonio llegaría a buen término. Su futuro esposo era un hombre culto, cariñoso y sereno, muy capaz de cooperar con ella en la compleja labor de gobierno y de las intrigas palaciegas.

—En cuanto se celebre la boda —oyó que decía su padre—, quiero que partáis hacia Francia. La muchacha se incorporó, clavando en él su mirada.

—No me iré hasta que mejore, padre.

La risa cascada de Iván Smirnov provocó ecos en el salón. Hundió los dedos entre los mechones del cabello de su hija, acariciándoselo.

—Siempre preocupada por mí. Aún me quedan fuerzas y quiero que tú tengas un viaje de novios que puedas recordar siempre.

—Está enfermo. Ni Sergei ni yo disfrutaríamos sabiéndole así. Ya habrá tiempo para viajes. Además... —se encogió graciosamente de hombros—, ningún lugar es tan bonito como Orlovenia.

—En eso te confundes, hija. Nuestro pequeño país es sólo un diminuto territorio. Próspero, es verdad, porque nunca hemos entrado en guerra con nuestros vecinos, pues siempre hemos sabido sacar el mejor provecho de las alianzas. Pero pequeño. Más allá de nuestras fronteras, existe todo un mundo por descubrir. Y yo quiero que lo descubras completamente. Es mi deseo soberano que tu futuro esposo y tú emprendáis viaje tan pronto como finalicen los festejos.

Tatiana no se iba a dar tan pronto por vencida. Se levantó. El monarca la observó con detenimiento. Era de mediana estatura, muy bonita y bien formada.

—Ya no soy una niña, padre, le ruego que no me trate como tal. Sé lo que está sucediendo, los problemas en que estamos inmersos. No le va a servir una simple orden para alejarme del peligro. No esta vez.

jueves, 30 de marzo de 2017

Lee Tierra salvaje

Un mes después de iniciar su búsqueda, se dio de bruces con el primero de sus enemigos. Se trataba de un hombre alto, desgarbado, de rostro cetrino y ojos oscuros,conocido como Will Williams. Al parecer, después del asalto al Siete Estrellas, la banda se había separado y cada cual había tomado su camino tras repartirse las ganancias por la venta de su hurto. 
Anochecía cuando Ken llegó al pueblo donde le dijeron que habían visto aWilliams. Entró en la cantina y preguntó por él. El dueño del local estudió sus duras facciones cuando lo interrogó; sus ojos se desviaron al revólver que lucía en la cadera derecha, demasiado bajo, y no se pensó mucho de qué lado estaba, conocía a un pistolero en cuanto lo veía.
—Habitación número tres —contestó—. ¿Le sirvo algo, amigo?
—Déjelo para luego.
En la cantina se había hecho un absoluto silencio. Varios pares de ojos lo observaban, pero nadie estuvo interesado en cortarle el paso cuando lo vieron dirigirse hacia la escalera. Un par de parroquianos abandonaron las mesas de juego, escabulléndose, temerosos de un enfrentamiento que pudiera pillarlos entre dos fuegos.
Ken subió despacio, saboreando el momento, sintiendo la sangre correr alocada por sus venas ante la perspectiva de encontrarse cara a cara con la primera de sus presas.
Se paró frente a la puerta indicada. Desde el interior del cuarto le llegaron risitas femeninas, junto a peticiones soeces de un hombre. Abrió la puerta de una patada, haciéndola rebotar contra la pared.
El sujeto que ocupaba la habitación estaba de pie, con los pantalones bajados, tratando de abrirse los calzones. Pegó un brinco al verlo aparecer.
—¡Qué demonios...!
—Oye, guapo —dijo la chica—, espera tu turno, aún no he terminado con este cliente.
Una sonrisa ladeada estiró los labios de Malory, pero en su mirada esmeraldina no había rastro de diversión.
Williams abrió los ojos como platos al verlo sacar el revólver. De pronto, le entró mucha prisa por volver a ponerse los pantalones.
—¡Hey, chico, cálmate! Si tanta prisa tienes, te cedo el sitio, pero guarda eso.
—¡Fuera! —ordenó Ken a la prostituta sin perderlo de vista a él.
Ella no replicó; como el dueño del salón, también sabía distinguir a los hombres, era su oficio, y el que tenía enfrente no admitía una negativa. Se subió el vestido, cubriéndose los pechos, y salió con premura.
—Coge tu pistola —dijo entonces Ken, enfundando la suya.
—¿Qué mosca te ha picado, muchacho? —preguntó el cuatrero, nervioso, acercándose al aparador sobre el que había dejado su arma—. Ni siquiera te conozco.
—¿Recuerdas a una muchacha morena y embarazada, Will?
El aludido tuvo un sobresalto pero, acostumbrado a una vida de peligro donde un segundo equivalía a seguir respirando o morir, no se preocupó de hacer más averiguaciones, estiró la mano, tomó su pistola y se volvió, listo para disparar.
Kenneth no le dejó ninguna oportunidad, su dedo índice apretó el gatillo y la bala se alojó en el vientre de su enemigo, que lanzó un grito al tiempo que su revólver se le escapaba de entre los dedos sin haber sido usado.
—Mi esposa te manda sus saludos, cabrón.
Sin hacer caso de los alaridos del herido pidiendo un médico, le dio la espalda y bajó la escalera. Ningún matasanos podría salvarle la vida a aquel desgraciado, que tardaría horas en irse al infierno.
En el salón no se oía ni una mosca. Nadie se atrevía a mirar de frente a aquel forastero alto, vestido de oscuro.
Ken se acercó a la barra.
—Whisky.
Mientras le servían, echó una ojeada al local, descubriendo a la muchacha que estaba arriba.
—¿Ha llegado a pagarte por tus servicios?
Ella, un tanto temerosa, negó.
Malory depositó un par de monedas para pagar la consumición y dejó un par de billetes sobre la desgastada madera del mostrador, empujándolos hacia la joven.
—Por las molestias, muchacha.
Vació su vaso de un trago y abandonó el local para dirigirse hacia la oficina del sheriff. Tenía que cobrar los quinientos dólares por la captura de Will Williams. «Vivo o muerto», rezaba el cartel pegado en el tablón de anuncios a la entrada del local.
—Por supuesto, muerto —dijo Malory para sí.